¿Qué es realmente el Yo?

Parece una pregunta simple, pero en el momento en que intentas responderla de verdad, algo se rompe.Porque puedes decir tu nombre, tu trabajo, tu historia, tus miedos, tus deseos… pero ninguna de esas cosas eres realmente tú.

Leer más »

El Umbral — Ese momento en que todo cambia | Gero Parla

Hay una fotografía que no puedo dejar de mirar.Una novia de espaldas. Una ventana que estalla en luz blanca. Dos mujeres a su lado — manos que ajustan, que cuidan, que acompañan. Y alrededor, la penumbra. El cuarto conocido, lo familiar, lo que fue.No sé quiénes son. No importa.Porque esa imagen no es una foto de boda. Es una foto del alma humana en uno de sus momentos más antiguos y más puros: el instante exacto antes de cruzar.El segundo que lo cambia todoTodos hemos estado ahí.No necesariamente con un vestido blanco ni frente a un altar. Pero sí frente a una ventana. Frente a una decisión. Frente a una partida. Frente a una pérdida que todavía no terminaba de llegar.Ese segundo tiene una textura especial. El tiempo se espesa. El aire se siente diferente. Hay algo en el cuerpo que sabe — antes de que la mente lo entienda — que nada volverá a ser exactamente igual.Los antiguos peruanos lo entendían bien. Para ellos, cada gran cambio era un pachakuti — una vuelta del mundo, un momento en que el tiempo se dobla sobre sí mismo y algo nuevo nace de lo que era. No como ruptura, sino como transformación necesaria.Yo creo que cada vida tiene sus propios pachakutis pequeños y grandes. Esa mezcla extraña de miedo y gratitud. De pérdida y apertura. De querer quedarse y necesitar irse.

Leer más »

Lo que el mar no olvida.

El ferry llegó con retraso. Como siempre en invierno.El viento de Pantelleria en enero no pide permiso — entra por las grietas de las casas bajas, mueve las barcas en el puerto como si fueran juguetes, borra los pensamientos superficiales. Solo quedan los que tienen raíz.Lo encontré en el muelle. Un hombre viejo, con las manos del color de la madera mojada, remendando una red con la paciencia de quien ya no tiene prisa hacia ningún lado. Me senté cerca, sin preguntar. A veces la compañía no necesita presentación.Pasó un rato largo antes de que alguno de los dos hablara.

Leer más »

El alma que no sabe que está enferma

Hay una estadística que me persigue desde que la leí.En el Perú, de enero a septiembre de 2025, el Ministerio de Salud registró un aumento sostenido de casos de ansiedad y depresión — especialmente en jóvenes. Más de un millón de personas buscaron ayuda. Millones más no la buscaron.Y un estudio global que analizó a más de dos millones y medio de personas en 84 países identificó algo que los médicos no siempre dicen en voz alta: uno de los cuatro factores que más predicen el deterioro mental en los jóvenes no es genético ni económico.Es la espiritualidad disminuida.No la religión. La espiritualidad. Esa sensación de ser parte de algo más grande que uno mismo. Esa percepción — tan difícil de medir, tan imposible de ignorar — de que la vida tiene un sentido que va más allá del trabajo, la pantalla, el sueldo de fin de mes.Me quedé pensando en eso durante días.La ilusión que enfermaLa psiquiatría moderna tiene un nombre para ello: desconexión. Los filósofos lo han llamado de mil maneras. Jonathan lo llama la ilusión de la separatividad.“Nosotros, tal como nos sentimos, tal como creemos ser, existimos solo en la ilusión — en la ilusión de la separatividad.”Vivimos convencidos de ser un “yo” separado del resto. Separado de los demás, de la naturaleza, del cosmos. Y esa convicción — reforzada hoy por las pantallas, la competencia, el individualismo — genera exactamente lo que vemos en las estadísticas: ansiedad, vacío, sensación de no pertenecer a ningún lugar.El smartphone no es el enemigo. Pero cuando una persona pasa horas mirando vidas ajenas en Instagram, lo que experimenta en el fondo no es envidia — es soledad metafísica. Es el eco de una conciencia que siente, sin saberlo expresar, que algo esencial le falta.Y ese algo no se compra, no se descarga, no se receta.

Leer más »

El Camino que ya no existe

Hay una fecha que cambió el Camino de Santiago para siempre.No fue en el siglo XII, cuando los primeros peregrinos medievales comenzaron a llegar desde toda Europa. No fue en 1492, cuando el Papa Alejandro VI lo declaró uno de los tres grandes peregrinajes de la cristiandad.Fue en 1987.Ese año, el Consejo de Europa declaró el Camino Francés primer Itinerario Cultural Europeo. Las flechas amarillas aparecieron en los árboles y en las piedras. El mundo descubrió que existía un camino antiguo que cruzaba el norte de España.Y el Camino — lentamente, inevitablemente — comenzó a llenarse.Lo que yo vi antes de que se llenaraCaminé por primera vez en 1988. Partí de Pamplona durante San Fermín — el caos de los toros, el vino, la multitud — y al día siguiente, al alba, empecé a caminar hacia el silencio.Los refugios eran gratuitos. Había pocos peregrinos. Nadie contaba los kilómetros en voz alta. No había teléfonos, no había redes sociales, no había necesidad de que nadie supiera dónde estabas.Había solo esto: tú, el camino, y lo que ibas encontrando dentro.Sin banderas. Sin audiencia. Sin aparecer.El Camino era un secreto que la gente se pasaba en voz baja. Y ese secreto tenía un poder enorme — precisamente porque no era de todos.

Leer más »

Me llamo Gero Parla. Nací y crecí en una ciudad que me enseñó a mirar el mundo con ojos curiosos y sensibles. Estudié Bellas Artes — y aprendí  que el arte no es solo técnica: es una forma  de entrar en contacto con lo invisible. He viajado mucho, a menudo sin mapas ni itinerarios fijos: América Latina, África, desiertos, selvas, ciudades de frontera. Un viajero descalzo, en busca de una parte de mí mismo que aún no conocía. Cada paso lejos de casa me devolvió fragmentos de alma: silencios, encuentros fugaces, colores que hablan más que las palabras. Amo la fotografía porque para mí no es solo documentar: es una visión de la realidad interior.  A través del objetivo intento detener lo que escapa — la esencia oculta detrás de las apariencias, la luz que ilumina el alma antes que el paisaje. Y luego está la escritura: contar los viajes significa revivirlos, transformarlos en historias que puedan tocar a quien lee, hacer viajar también a quien se queda quieto. En mis libros mezclo estas pasiones: el camino real y el interior, la mirada que captura y la palabra que revela.

Bienvenido a mi camino.